Cómo explicar los valores a los niños

Los padres queremos que nuestros hijos se comporten correctamente y que lleguen a ser buenas personas. Por ello es necesario que desde pequeños les inculquemos valores positivos a los hijos.

Educar a un hijo no es fácil, hay que ser pacientes y perseverantes en cuanto a su educación. Y cuando hablamos de educación no nos referimos a la formación escolar o académica, que, por supuesto, es importante, sino la que los padres ofrecen a sus hijos en el día a día, formándolos y enseñándolos en cada una de las situaciones que se viven.

 

Que nuestros hijos adquieran correctos valores dependerá no solo de su propio carácter, sino de lo que aprendan en el seno familiar. Si el niño crece en un ambiente en el que se sienta querido, respetado y protegido aprenderá valores éticos adecuados. Los niños necesitan a alguien que les guíe, que les anime y les ayude en el transcurso de su vida. Necesitan sentirse apoyados, valorados, queridos…Y para eso estamos los padres, somos su mejor ejemplo, su modelo a seguir en todos los aspectos. Hemos de enseñarles con el ejemplo y utilizar los valores que queremos que aprendan, no solo por ellos sino por nosotros mismos.

La vida es dura y difícil y los hijos no siempre estarán en nuestro regazo para cuidarlos y protegerlos, tarde o temprano tendrán que tomar sus propias decisiones, y que hagan lo correcto dependerá de la educación que les hayas dado y de los valores transmitidos.

La base de la educación

El mundo que nos rodea está cargado de actos y situaciones poco éticas, desagradables e incorrectas, y los niños lo absorben todo, por eso, es de gran importancia el papel de los padres en la correcta educación. Todos los valores deben surgir del seno familiar. Los niños no nacen con virtudes peyorativas sino que somos, primero los padres y luego el entorno, quienes se los mostramos. Tenemos pues el poder de cambiar el destino formando individuos con valores sanos. Para conseguirlo hay que practicar cinco normas básicas:

- Ser padres ejemplares: debemos mirar en nuestro interior, ver si somos, si nos comportamos como queremos que sean y se comporten nuestros hijos.

- Comunicación: debemos abrirnos a los hijos, hablar de nuestros sentimientos y pensamientos para que ellos se abran a nosotros.

- Reducir los impactos nocivos: la televisión, los videojuegos, Internet… y en general todo su entorno está cargado de impactos negativos que influirán en su conducta. Asegúrate de que lo que ve y de que las personas con las que se rodea sean las más idóneas.

- Saber corregir: hay que frenar las conductas negativas, explicar las consecuencias de su actitud (siempre con un lenguaje adaptado a la edad y madurez del niño) y mostrar conductas correctas.

- Enseñar: dialogar mucho con ellos, razonando y explicándoles, no supongas que los niños saben las cosas, debes enseñárselas y la mejor manera es con ejemplos prácticos, con situaciones del día a día, con libros, cuentos, etcétera.

Que aprenden los niños a cada edad

Conseguir que los hijos entiendan lo que es bueno y correcto y sepan diferenciarlo de lo que es malo e incorrecto, dependerá de la madurez, del grado de entendimiento y de la comprensión del niño. Para enseñar valores hay que tener en cuenta su edad y desarrollo (emocional, mental y social). No podemos exigir la misma responsabilidad a un niño de 3 años que a uno de 5.

Niños de 0 a 1 año: los bebes desde que nacen necesitan, a parte de que se les cubra sus necesidades básicas de aseo y alimento, recibir el máximo amor y cariño por parte de sus padres. Es la manera de poder construir los cimientos sobre los que se levantará su seguridad, independencia y desarrollo. Los bebés no entienden de normas pero si de ternura.

De 1 a 3 años: Todavía no dominan el lenguaje pero son capaces de entender algunas normas sencillas. Es la edad en la que necesitan los límites como pauta de su comportamiento, por ejemplo “no tires tierra”, “eso no se toca”, “no se muerde”. Así aprenderán a reconocer lo que está bien y lo que no.

De 3 a 4 años: los niños no solo necesitan límites sino también explicaciones para asimilar los valores. Ya entienden las normas, aunque no siempre las respeten. Y éstas no se deben limitar a no dejarles hacer algo sino que han de ser más amplias, como son las que les enseña a ser educados y a comportarse adecuadamente.

De 4 a 5 años: aunque los niños siguen siendo egocentristas tienen, de manera básica, un mayor sentido de la justicia (lo asimilan a la igualdad) y la empatía. Por ejemplo: saben que no pueden pegar porque al otro le dolerá (empatía) pero que si le pegan una patada él la devolverá (justicia).

A partir de los 5 años: los niños pueden comportarse de forma cruel aunque sin tener verdadera conciencia. Pueden herir, sin quererlo y sin saberlo, los sentimientos de los demás. Del mismo modo el niño puede ser víctima de burlas. Por eso necesitan explicaciones y mucho apoyo de los padres. Debemos implicarnos, tomarnos en serio los sentimientos de nuestros hijos, ayudarlos y enseñarles a mantenerse al margen de peleas y a pedir ayuda cuando la necesiten (a padres o profesores). En esta etapa es muy importante la actitud de los padres, pues a estas edades se fijan mucho en lo que hacemos e intentan imitarnos.

De 6 a 9 años: a esa edad los niños ya tienen una conducta más rebelde. Conocen los diferentes puntos de vista de una misma situación por lo que cuestionan las normas de sus padres. El niño ya tiene opinión propia sobre dichas normas y quiere actuar en consecuencia.

A partir de los 10 años: los niños ya no son tan niños y empiezan a sufrir cambios, tanto físicos como psíquicos, tienen cambios de humor y de comportamiento significativos. Y muchos de los valores enseñados y acogidos parecen ahora no tener sentido. Muchos adolescentes expresan su inseguridad a través de un mal comportamiento (o mala conducta). Es importante que los padres se muestren abiertos y pacientes y les ayuden a madurar dándoles la oportunidad de experimentar, equivocarse y aprender de sus errores por si solos, para que vayan encontrando sus propios valores.

Valores primordiales

Los valores son aquellos parámetros de conducta y actitudes que toda persona debe tener para convivir en sociedad. Es aquello que la familia, la sociedad y la persona como individuo, consideran como correcto y ético.

Empatía

La empatía es la capacidad para entender las preocupaciones y problemas de los demás y compadecerse de ellos. Es la virtud que hace que las personas sean sensibles, tolerantes, compasivas, comprensivas, afectuosas y no violentas.

Los niños deben entender sus propios sentimientos y saber que los demás también tienen sentimientos, necesidades o preocupaciones igual que él. Para inculcarles este valor lo primero que hay que hacer es escucharle de verdad, sin menospreciar sus sentimientos. Si está rabioso porque ha perdido un juguete hay que entenderle y comprenderle. Evitar decir “no pasa nada ya te compraremos otro” sino “sé como te sientes por haber perdido tu juguete” A veces los sentimientos están más ocultos y hay que destaparlos con preguntas tipo “¿te sientes mal? pareces nervioso”. Muchas veces cuando los niños se ven comprendidos por sus padres se sienten mucho mejor. En el ejemplo se podría decir al niño “entiendo como te sientes, yo también estaría muy disgustada si perdiera alguna cosa”. Es importante hablar de sentimientos, los de los padres y también los de los hijos, y preguntar a menudo “¿cómo te sientes?”

Conciencia

Es la base para una vida decente, una sólida ciudadanía y comportamiento ético y moral.

La sociedad que nos rodea bombardea al niño de influencias negativas, que lo pueden convertir en una persona sin moral, sin empatía, sin autocontrol y sin buena conciencia. Ayuda a tu hijo a construir su conciencia y estimular su inteligencia moral. Se un ejemplo para él, trátalo de forma respetuosa, habla con él de lo que está bien y mal, corrige y razona sus conductas negativas.

Autocontrol

El autocontrol es lo que permite tomar decisiones correctas en situaciones tentadoras, significa tener control de sí mismo. A veces vivimos situaciones que nos alteran tanto que se nos pasa por la cabeza hacer cosas malas e incluso horribles pero el autocontrol evita que eso suceda. El autocontrol es lo que permite a los niños a regular su conducta de forma que sólo realicen las cosas que son correctas. Es una virtud muy necesaria en la sociedad actual tan cargada de violencia.

Si tu hijo es de los que pierden el control y acaban con gritos, palabrotas y patadas, es bueno enseñarle a respirar profundamente y contar hasta diez para relajarse. Poco a poco irá aprendiendo que una vez que se actúa ya no hay marcha atrás y se que entonces se debe asumir el resultado de los actos. Nuestro objetivo como padres es ayudar a nuestros hijos a darse cuenta de que tienen control sobre su vida y sobre las decisiones que toman. Hay que enseñarles a pensar antes de actuar imaginando las posibles consecuencias. Los niños necesitan practicar en la toma de decisiones, así que ayuda a tu hijo a examinar detenidamente las posibles consecuencias y guíale para que tome decisiones seguras y correctas, de esta manera, con el tiempo aprenderá a actuar como es debido y sin tu ayuda.

Respeto

Es tratar a los demás como nos gustaría que ellos nos tratasen a nosotros. La educación en el respeto empieza en casa, cuando la manera de dirigirnos entre nosotros es correcta, cuando mantenemos una actitud cordial y respetuosa con los hijos, estamos inculcando este importante valor en ellos.

Debes mostrar respecto por tus hijos aceptando sus opiniones, sus deseos y sus gustos, y haciéndoles partícipe de los asuntos de casa, pero eso tampoco significa que se les deban otorgar todos los caprichos. Todos los niños viven la etapa de las palabrotas, hay que hacerles entender que esas palabras malsonantes pueden herir o molestar a los demás y que lo mismo sucede con las peleas.

Replicar, responder irrespetuosamente y las malas contestaciones están en alza, y esto puede tener resultados muy negativos en el ámbito social. Corregirlas es trabajo de los padres. Ante una situación de falta de respeto lo primero que hay que hacer es decirlo, explicar como se siente uno al ser tratado así y enseñar nuevas conductas que sustituyan a las inapropiadas.

También hay que enseñar a los niños a discrepar respetuosamente, mediante el uso de la palabra y siendo correctos.

Bondad

Es el valor de preocuparse por los demás, por su bienestar y sus sentimientos de manera altruista. Son las ganas de hacer el bien y no el mal.

Todos los niños nacen con la capacidad de ser buenos, y es con nuestro estímulo hacia acciones bondadosas, lo que hace que ese valor se asiente en su carácter.

Para que los niños sean bondadosos deben saber que las palabras y las acciones crueles son ofensivas y hieren a las personas. Deben aprender que este tipo de acciones tienen consecuencias. Por ejemplo, que un niño se burle de otro por llevar gafas es cruel y no debemos permitirlo, de lo contrario esa crueldad irá en aumento.

Sinceridad

Es uno de los valores que consideramos más importantes. La sinceridad es la base de la confianza. Debemos enseñar a lo los hijos que no hay que mentir pues haciéndolo se contrae consecuencias desagradables como la falta de confianza, enemistad y enfados. Mintiendo no se solucionan los problemas. Los niños pequeños, a menudo mienten, porque confunden la realidad con la fantasía, pero los niños más mayores mienten porque tienen miedo al castigo por haber hecho algo, para evitar la recriminación, con lo que no se debe abusar de los castigos. Muchas veces las mentiras en los niños de más de 6 años revelan una falta de confianza en sí mismos.

No violencia

La agresividad en los niños y adolescentes está en continuo aumento. Debemos enseñar a convivir en armonía. La agresividad es innata en todo ser humano y es buena en su justa medida, es decir, es lo que nos hace defender nuestros propios intereses y defendernos haciéndonos valer, pero cuando la integridad o la vulnerabilidad del prójimo está en peligro entonces hablamos de una agresividad negativa que hay que evitar. Debemos pues enseñar a los hijos a controlar la agresividad. Para enseñar valores pacíficos a los niños lo primero que hay que hacer es no pegarles (los niños actúan y aprenden los valores que ven en el seno familiar), controlar su entorno (televisión, videojuegos, Internet, amistades…) para evitar las imágenes o situaciones cargadas de violencia. Se debe frenar en seco los comportamientos violentos y explicar, en un lenguaje sencillo, la situación y su consecuencia.

Colaboración

Todos los niños pequeños pasan la etapa de querer ayudar en casa y aunque su ayuda resulte el doble de trabajo para nosotros, es importante permitirles que nos brinden su ayuda. De hecho deben tener la obligación de realizar tareas en casa (adaptadas a cada edad), aunque sean pocas y sencillas. Así aprenderán a colaborar, a realizar trabajos en equipo, a integrarse y a valorar los esfuerzos. Si les damos la oportunidad, aunque al principio se necesite una gran dosis de paciencia, en un futuro veremos la recompensa. No olvides elogiar el esfuerzo y la colaboración de tu hijo.

Modales

Se ha demostrado que tan malo es un exceso de autoridad como dejar hacer por completo todo lo que quiera el niño. Lo idóneo es un término medio. Los niños tienen que ir aprendiendo los buenos modales poco a poco y una vez más hay que predicar con el ejemplo, si le pedimos las cosas a nuestro hijo con un “por favor” y luego le damos las “gracias” como algo normal y habitual, él también acabará haciéndolo. Es importante ir inculcando normas básicas de conducta como por ejemplo saludar, comer correctamente con los cubiertos, decir “buenos días” o no interrumpir las conversaciones.

Consideración

Ser considerado significa tener la capacidad de renunciar, en beneficio de los demás, de tus propios intereses. Preocuparse primero por otros antes de mirar por nosotros mismos. Los niños pequeños, menores de 3 años, no saben que sus actos pueden molestar a los demás (no tienen ni la edad ni la madurez para ello), pero poco a poco hay que ir explicándoselos, por ejemplo, hacer ruido por la noche puede molestar a los vecinos, se debe estar callado cuando los demás hablan, no hay que tirar cosas al suelo, hay que ser amable…

Una forma de guiar y corregir la conducta en determinadas situaciones es proponiendo una acción alternativa; en el caso del ejemplo del ruido por la noche sería indicar al niño un juego más silencioso que no pueda molestar a los vecinos.

Tolerancia

Es respetar a los demás por su carácter y comportamiento, aceptando sus diferencias y reconociendo sus derechos y necesidades.

A menudo, las personas poco tolerantes suelen ser individuos inseguros, con miedo a los cambios y a lo desconocido. Otras veces es la ignorancia o falta de información lo que hace que los niños desarrollen prejuicios.

Hay que ayudar a nuestros hijos a descubrir las cualidades positivas de las personas y enseñarles desde pequeños, que ninguna persona es mejor que otra. Dialogando, explicando y mostrando abiertamente diferencias y similitudes hará que nuestros hijos se sientan más seguros y sean tolerantes.

No hay que permitirles comentarios discriminatorios de ningún tipo. Y si esto sucede debemos conocer los motivos por los que lo hacen y después dialogar, explicar y enseñar el comportamiento correcto.

Justicia

Es una virtud que nos permite ser honestos, tener una mentalidad abierta. Es el valor que nos ayuda a escuchar antes de juzgar, a compartir, a respetar las normas. Un niño que aprende justicia será mucho más tolerante, amable, comprensivo y atento, y se convertirá en el mejor ciudadano, trabajador, amigo, padre, vecino que podamos desear.

Si queremos que nuestros hijos sean justos debemos tratarlos de igual forma, evitando favoritismos entre hermanos, estableciendo normas justas, prestando atención al niño, admitiendo los errores, actuando con imparcialidad, no juzgando de antemano, evitando las comparaciones.

Un ambiente familiar hostil no va ayudar a los niños a desarrollar los fundamentos de la justicia y a menudo deriva en trastornos afectivos duraderos.

Una forma de enseñar justicia es incitarles a que piensen cual es la solución más justa a sus problemas. Hay que enseñarles a que vean las cosas desde todos los puntos de vista (ponerse en el lugar del otro les permitirá conocer la justicia y la injusticia). Que los niños sean parte de la solución muchas veces hace que se detengan, piensen y se calmen. Y no dejes que se marchen hasta que no hayan resuelto el problema. Si es necesario ofreceremos nuestra colaboración para mediar en la situación.

Anima a tu hijo a defender tanto sus propios derechos como los de los demás cuando se enfrente a un trato injusto. Enséñale la importancia del juego limpio y de la deportividad.

Responsabilidad

Hay que dejar que los niños vayan asumiendo responsabilidades, en la medida de sus posibilidades, aún sabiendo que cometerán errores y equivocaciones, hay que confiar en la capacidad del niño. Los niños han de tener más obligaciones que la de estudiar y ser responsable de ellas, para evitar que se conviertan en una personas egoístas. Todos los niños pequeños viven la etapa de la independencia en la que lo quieren hacer todo ellos solos, es un buen momento para que empiecen a asumir tareas, como poner la mesa, recoger sus juguetes, vestirse, etc.

Civismo

Tener este valor significa que eres capaz de mirar a tu alrededor y acudir en ayuda de quien lo necesita, de quien está en apuros. Y es una virtud que denota seguridad y confianza en uno mismo, así como integridad moral.