Cómo diferenciar entre amor y obsesión

Cuando estamos enamorados de una persona, a veces sentimos que no podemos dejar de pensar en él o en ella. El sentimiento que experimentamos nos quita el sueño y el apetito, a veces nos dificulta la concentración y nos damos cuenta de que, en lugar de estudiar, estamos inclinados sobre los libros soñando despiertos con aquel par de ojos.
Pero, ¡atención! Es importante que el amor no se transforme en una obsesión. Este sentimiento es dañino y no hace sino alejarnos de la persona amada. Sin embargo, no siempre es fácil diferenciar una obsesión insana de un amor verdadero. ¿Qué los distingue?

El amor nos hace felices

Mientras que la persona enamorada siente que está atravesando el mejor momento de su vida, disfruta del sol en sus hombros y de posar la vista en el ambiente verde porque éste es el color de los ojos de su amad@, el obsesivo vive angustiado. El amor nos hace sentir plenos y satisfechos de la vida, la obsesión nos torna infelices y nos lleva a experimentar sentimientos de autocompasión y de desprecio hacia nosotros mismos.
Claro, se preguntarán qué pasa cuando el amor no es correspondido, ¿verdad? ¿Cómo sentirse feliz en este caso? Es difícil, pero la persona que estaba saludablemente enamorada, debe saber aceptar el rechazo del otro, dejar pasar un tiempo y seguir viviendo su vida. Ya llegará otro amor. El obsesivo, en cambio, se aferra del sentimiento de tristeza creyendo que éste es todo lo que le queda de la persona amada.

El amor nos torna bellos

Una persona enamorada suspira, tiene la mirada perdida y una sonrisa soñadora entre los labios. Pero no por ello va a dejar de comer o de dormir, ni se consumirá largas horas llorando frente al espejo hasta que sus ojos se vean hinchados. Si conoces a alguien que, con la excusa de que está enamorado, ha adelgazado varios kilos, se ha dejado de lavar el cabello y lleva puesta siempre la misma ropa andrajosa, sacúdelo: lo suyo no es amor, es una obsesión enfermiza. El amor por otro no tiene que llevar a que dejemos de amarnos y de cuidarnos a nosotros mismos.

El amor desea lo mejor para el ser amado

Un auténtico enamorado desea, ante todo, que la persona amada sea feliz. Sobre todo, espera que alcance la felicidad a su lado, cierto, pero aún de no ser así, seguirá deseándole el bien. En cambio, no es raro que la persona obsesionada se vea envuelta en pensamientos destructivos hacia el que dicen amar. Por ejemplo, piensan que si l@ despiden de su trabajo, tal vez deba recurrir a ellos en busca de ayuda. Si está con una tercera persona, quieren que la relación fracase estrepitosamente, sin considerar el sufrimiento que esto le acarrearía a su ser amado. Este tipo de ideas no demuestran un amor intenso, sino una obsesión insana por la otra persona.

El amor confía en el ser amado

Los celos extremos son una señal de que un amor pueda estar tornándose en obsesión. Por supuesto, a nadie le gusta la idea de que la persona amada se involucre con otro –sentimental o físicamente-. Pero el enamorado sano confía en su pareja, y así como no se le ocurriría serle infiel, no pierde el sueño contemplando la posibilidad de que el otro lo haga. El obsesivo se vuelve loco con escenas imaginarias, y puede llegar a hacer cosas terribles a su pareja, tales como revisarle los mensajes del móvil, hackear su correo electrónico o aparecerse por sorpresa en su trabajo buscando atraparlo con las manos en la masa. Irónicamente, la necesidad de poseer y de controlar al otro es el mejor camino para alejarlo definitivamente de nuestra vida.

El amor basa sus sueños en la realidad

Está bien que los enamorados se pierdan, de vez en cuando, en fantasías y ensoñaciones. Pero para las parejas saludables, los mejores sueños son aquellos que pueden hacerse realidad: planear unas vacaciones juntos es más excitante que delirar con que a uno de los dos lo secuestran y el otro lo rescata con dos ametralladoras en cada mano. El obsesivo se pierde en delirios cada vez más descabellados, y esto le impide ocuparse de las cosas que verdaderamente suceden a su lado.

A no equivocarse: amor y obsesión distan de ser sinónimos. Reconozcamos estos sentimientos para evitar lastimarnos a nosotros mismos y a los demás.