Como preparar tu casa o apartamento antes de venderlo

Quiero vender mi casa pero… ¿por dónde empiezo? Hay detalles que hay que verificar y arreglar antes de mostrar a su futuro comprador o compradores, debido a que esos pequeños arreglos te ayudarán a que tu casa brille con más luz y así cualquiera quiera arrancarla de tus manos.

Es especialmente importante invertir tiempo y dinero en un inmueble antes de publicarlo a la venta. Dos consejos a nivel general:

1. No invertir en reformas demasiado costosas a no ser que el inmueble esté tan deteriorado que arreglando los desperfectos se pueda aumentar el precio de manera considerable.

2. Ajustar el precio todo lo que se pueda. Estar fuera de mercado puede determinar el número de compradores interesados en nuestro inmueble y, por lo tanto, disminuir las posibilidades de venta. El primer paso que debemos dar es asesorarnos bien sobre cuál es el precio medio de la zona donde tenemos el inmueble.

A partir de allí, el concepto sobre el cual gira todo lo demás: la primera impresión que la vivienda cause al posible comprador en el momento de la visita, es decisiva.

Estas son algunas recomendaciones para que todo esté perfecto:

– Reformas: realizar pequeñas mejoras como pintar paredes y vallas, embellecer superfícies de madera, arreglar algún grifo que no funcione correctamente o alguna ventana que no cierre de manera hermética. Se trata de realizar pequeñas inversiones para mejorar el aspecto de la vivienda, lo que coloquialmente sería un buen lavado de cara. Si se pintan las paredes, apuesta por el color blanco o tonos claros: favorecen la iluminación y la sensación de amplitud. Igualmente, asegúrate que los sistemas de calefacción y/o aire acondicionado funcionen correctamente, que no haya interruptores que no funcionen o bombillas fundidas.

[showads ad=googlel125]

– Limpieza: es, junto al orden, uno de los factores claves para que en tu casa se respire un ambiente acogedor y cause una buena impresión. Antes de enseñar la vivienda a un posible comprador, realiza un limpieza a fondo: barre, saca el polvo, friega suelos y superficies, limpia baños y cocina a conciencia. Si hay chimenea, que esté limpia y con el tiro a punto. Igualmente, ventila bien la casa antes de una visita y presta especial atención a los olores en los baños y cocina. El uso de ambientadores puede ayudar, pero precaución con abusar de este recurso porque el efecto podría ser el contrario. Las fragancias naturales de flores pueden dar muy buen resultado.

– Orden: empezando por la sala de entrada y pasando por todas las zonas de la casa, deja los espacios libres de muebles que puedan entorpecer el tránsito o disminuir la amplitud de una estancia, evita dejar a la vista pilas de papeles, revistas, periódicos o libros, asegúrate de que en las habitaciones estén las camas hechas y no haya ropa desordenada a la vista, ni juguetes de niños tirados por el suelo, que en la cocina no haya trapos o utensilios desordenados o sucios, que en los baños los cepillos de dientes y los enseres de limpieza personal estén en orden y no haya ropa sucia a la vista. En resumen, que cada cosa esté en su sitio y no se perciba una sensación de caos. También es muy importante, en la medida de lo posible, dejar que entre la luz natural.

– Decoración: “menos es más”. El lema del prestigioso arquitecto Mies Van Der Rohe toma especial relevancia a la hora de abordar cómo debe estar decorada una casa que queramos vender. La decoración de interiores se sustenta sobre un importante componente subjetivo. Lo que nos gusta a nosotros puede no ser del agrado de una tercera persona, a la que además, no conocemos. Se puede optar por quitar elementos decorativos para agradar al mayor número posible de compradores.

– Jardín: si la vivienda tiene jardín o terrazas, deben estar limpios y cuidados. Procura que no haya macetas con plantas muertas, que los arbustos estén podados, que los sumideros no estén atascados. Si hay piscina, mucho mejor si tiene el agua en perfectas condiciones y limpia de hojas secas.

No olvides que lo que estás vendiendo es, a fin de cuentas, un producto y, como tal, debe entrar por los ojos.