Como escribir una metáfora

La metáfora se nos presenta cuando se establece una relación de semejanza entre 2 términos y alguna característica o cualidad que existe entre ambas, es como cuando hablamos en doble sentido. En la metáfora hacemos referencia poética a esa característica que queremos resaltar, es decir, decimos lo mismo pero de forma más esbelta y sublime.

Es posible que hayas creado sin darte cuenta, una metáfora cuando hablabas con alguien. Hoy sin embargo, refrescamos la memoria a aquellos conocedores de la metáfora e instruimos a todos aquellos que quieran redactar las de su propia autoría.

  1. Piensa sobre qué es lo que estás tratando de describir. ¿Cuáles son sus características? ¿Qué hace? ¿Cómo te hace sentir? ¿Tiene un olor o un sabor? Realiza una tormenta de ideas escribiendo todas las descripciones que te vengan a la mente. No te pares en los detalles obvios; la metáfora se trata de pensar en las implicaciones más sutiles.

  2. Haz asociaciones libres. Apunta todas las cosas que compartan las mismas características, pero, de nuevo, no seas demasiado lineal; cuanto menos obvia sea la asociación, más interesante será la metáfora. Si estás escribiendo una metáfora sobre un concepto, por ejemplo, fuerza a tu cerebro a compararla con un objeto. Por ejemplo, si tu concepto es la libertad, pregúntate qué animal sería.

    • Evita los clichés. Como dijo Salvador Dalí, “El primer hombre que comparó las mejillas de una joven con una rosa era obviamente un poeta; el primero en repetirlo era seguramente un idiota.”
  3. Decide el tipo de ambiente que quieres crear. ¿Hay algún tono en particular que quieras mantener? ¿Tiene que adaptarse la metáfora a un contexto más amplio o a lo que estés escribiendo? Emplea esto para descartar asociaciones de tu lista.
  4. Comienza a escribir. Escribe algunas frases, un párrafo, o una página comparando tu tema original con algunas de las asociaciones que se te ocurran. No te preocupes por las metáforas en este punto; concéntrate en las ideas y observa a dónde te llevan.
  5. Lee todo en voz alta. Teniendo en cuenta que las metáforas llaman la atención hacia la mecánica del lenguaje, es importante que tus frases “suenen” bien. Una metáfora que implica suavidad no debe contener consonantes fuertes; una que describa profundidad podría incluir vocales más profundas; y una que implique redundancia debería incluir aliteración (es decir, sonidos repetidos), etc.
  6. Transforma tus comparaciones en metáforas. Escribe una frase metafórica que compare tu tema original con otros objetos o conceptos. ¿Tiene sentido? ¿Es original? ¿El sonido se ajusta a lo que implica? No aceptes lo primero que parezca que va bien; y descarta ideas si alguna mejor te viene a la mente.